Translate

Mostrando entradas con la etiqueta Eterno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eterno. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de febrero de 2014

Eterno (fragmento)
Julieta Venegas

Nada que rompa este momento
quiero que sea eterno, eterno
quiero que sea eterno, eterno
quiero este momento suspendido en el tiempo


Mariana 

En Coyoacán. En la plaza de la Concepción Mariana besa a su novio Miguel Llavero. La joven se entrega a su primer beso tiene 16 años y es feliz. Mariana no lo sabe pero su intensidad ha modificado el entorno: En la iglesia de la Concepción, por un instante la piedra detiene su erosión y en los arboles de la plaza las hojas se condensan mas levemente que ayer. Un hombre que cruza la calle tiene la sensación de haberse perdido en algo. Mientras un anciano que arroja migas de pan a las palomas recuerda sus antiguos tiempos de bailarín, suspendido y nublado entre las luces de colores de aquellos años gloriosos. 

Mariana, hasta su muerte en París, recordara siempre ese momento. Dicen que a los 28 años vislumbro al bailarín y a las migas mezcladas con las luces de salón. A los 30 había encontrado el paso del hombre apresurado y a los 32 ya conocía la incidencia del medio en los procesos clorofilicos. Fue a los 40 cuando supo que las luces de salón venían de New York mientras que hacia los 50 sabia que el hombre apresurado se llamaba Amancio y que tenia miedo de no cobrar. A los 60 navego entre los fluidos fotoquimicos y a los 70 era la paloma y una de las migas que miraban al anciano. Cuentan que a los 80, ya en París y entre los estertores de la muerte se incrusto en la piedra de la iglesia de La Concepción y por fin pudo verse besando a Miguel Llaveros.  

Roberto Carlos Sicilia.




viernes, 31 de enero de 2014

Los momentos (fragmento)

Julieta Venegas

Y te deje ir, no supe luchar por ti y cada noche
Me reclaman Los Momentos que pase sin ti


Don Pascual Baldorí

En la madrugada, mientras crece la humedad en las hojas del limonero, que una vez te cobijo y te dio su fruto. Yo: Don Pascual Baldorí, atravieso como puedo las tenues telarañas de la vigilia. Cierro con fuerza los ojos rogando por un sueño difuso que no llega. Me niego a levantarme y asomarme a la ventana que da al patio y a la calurosa noche y en donde podría ver: a los perros que me muestran sus dientes y me amenazan con su carga de momentos en los que te ame. Perros que ríen de furia con sus colmillos, que inoculan las toxinas de la mortificación que me dio tu perdida.

Roberto Carlos Sicilia.